La enseñanza de la lectura
tendrá como finalidad lograr una lectura mecánica correcta. En
esta fase el alumno ha de adquirir una serie de automatismos que le permitan
interpretar unos signos gráficos a través de la percepción visual y darles una
identidad oral. Todas esas asociaciones las ha de hacer con rapidez, con una
velocidad que le permita leer mecánicamente y comprender el sentido de lo que
está leyendo. Así entramos en la lectura comprensiva. Para realizar
la comprensión de un texto escrito no sólo ha de asociar las letras con los
sonidos correspondientes, sino también, las palabras con su significado. A
través de la lectura, primero mecánica y después comprensiva, hay que llegar a
alcanzar una postura de reflexión crítica acerca de lo que se ha leído,
entrando así en la lectura reflexiva.
Existen varios métodos de
enseñanza de la lectura; los más relevantes son los siguientes:
El método fónico se
basa en el principio alfabético, el cual implica la asociación más o menos
directa entre fonemas y grafemas. Este método, cuya aplicación debe ser lo más
temprana posible, comprende una enseñanza explícita de este principio, con
especial atención a las relaciones más problemáticas y yendo de las vocales a
las consonantes. El fundamento teórico de este método es que una vez
comprendida esta sistemática el niño está capacitado para entender cualquier
palabra que se le presente.
Esta dirección del
aprendizaje, primero la técnica y luego el significado, es la que más críticas
suele suscitar, en tanto se arguye que es poco estimulante retrasar lo más
importante de la lectura, la comprensión de lo que se lee. El método,
obviamente sólo útil en lenguas con sistema de escritura alfabético, plantea
problemas en algunas de éstas, donde la relación fonema/letra no es ni mucho
menos unidireccional.
El método global,
por su parte, considera que la atención debe centrarse en las palabras pues son
las unidades que tienen significado, que es al final el objetivo de la lectura.
Lógicamente, este método se basa en la memorización inicial de una serie de
palabras que sirven como base para la creación de los primeros enunciados;
posteriormente, el significado de otras palabras se reconoce con la ayuda de
apoyo contextual (dibujos, conocimientos previos, etc.). De hecho, un aspecto
básico de este método es la convicción de que el significado de un enunciado no
exige el conocimiento individual de todas las palabras que lo componen, sino
que es un resultado global de la lectura realizada que, a su vez, termina por
asignar un significado a aquellas palabras antes desconocidas.
El método
constructivista, basado en la obra de Jean Piaget, plantea la enseñanza de la lectura a partir de las
hipótesis implícitas que el niño desarrolla acerca del aspecto fonológico; esto
es, un niño en su aprendizaje normal de la lengua escrita termina por
desarrollar naturalmente ideas sobre la escritura, en el sentido de advertir,
por ejemplo, que no es lo mismo que los dibujos y llegando a establecer
relaciones entre lo oral y lo escrito.
Durante décadas, se planteó
un debate sobre la pertinencia de los distintos métodos. En los últimos años,
el debate resurgió entre los investigadores que mostraron el rol fundamental de
la conciencia fonológica para el aprendizaje de la lectura y la escritura y los
promotores del enfoque del lenguaje integral Stanovich, 2000). Actualmente, la
discusión acerca de los métodos ha quedado resuelta, puesto que existe una
evidencia empírica abrumadora de estudios que muestran la importancia de la
conciencia fonológica en el proceso de la alfabetización (Ehri et al., 2001;
Berninger & Corina, 1998).
En general se asume que es
posible y necesario integrar aspectos del método fónico y global para una
enseñanza y un aprendizaje exitosos.